La Chinos en cuarentena

Sí, hoy vamos a hablar de la Chinos en cuarentena. Desde que inició todo este show, ha sido un subidón de emociones, como muchos, yo lo sé, pero es mi sección y escribiré lo que se me de la gana y ya, alv… aaah no se crean, no se vayan, esperen, se va a poner bueno.

Iniciemos con el fin del Vive Latino. Muchos de ustedes saben que colaboro en una revista digital y, gracias a ello, he podido asistir a muchos eventos y hago reseñas de éstos y así. De ese modo, y con los primeros casos confirmados en México, en medio de un montón de críticas, por un lado, que si son unos irresponsables por permitir que se hiciera, por el otro, pues weeeeey, es que ya está todo pagado, miles de boletos vendidos… en fin… la cosa es que se hizo y fui en mi calidad de reportera y fan, obvio.

El plan original era, obviamente, ir ambos días, o sea, sábado y domingo, así que, siguiendo el plan, fuimos el sábado. Llegamos temprano porque me informaron que, entre más temprano llegáramos, más posibilidad de encontrar un locker para nuestras chivas y así, no estar cargando como bestias y poder disfrutar bien el festival. Total, llegamos, nos acreditamos, ingresamos, no sin antes nos tomaran la temperatura, cosa que, en lo personal, me dio cierta confianza.

Todo fluyó con cierta «normalidad», sin embargo, tal vez fue una onda mía, pero sentí una vibra muy extraña en el lugar, lo vi muy vacío durante el día, hasta que la gente llegó a ver a Guns.

Platicando con mi compañero de aventuras conciertísticas (hey, esa palabra me la acabo de inventar… ¿y?), me di cuenta que no estaba tan equivocada. Se sentía una vibra distinta a la de otros años, tal vez sí era un cierto temor de muchos de los asistentes, por que recordemos que el Covid acababa de llegar a México y el Vive Latino, al ser un mega festival, la posibilidad de contagiarse era alta, digo, tu no sabes quién venía llegando de Europa, por ejemplo, la cosa es que, el temor nos hizo tener más precaución.

Dentro de las precauciones que implementamos fue el lavado de manos constante igual que el uso del gel antibacterial, meternos al hospitality de Indio e ir a las gradas a ver a las bandas, o sea, evitamos, en la medida de lo posible, las aglomeraciones de la gente.

Terminó el sábado para mí, me fui antes que acabara porque estaba cansada, me dolía la cabeza, no tenía batería y todavía debía pedir Uber, (no llevé mi carro porque una semana antes me chocaron, pero esa es otra historia) así que patitas pa’ que las quiero.

Esa noche, después de un batallar con la red chafísima de Movistar, unas almas caritativas de seguridad del Palacio de los Deportes, me regalaron el acceso a la red wifi para pedir el Uber, llegué a mi hogar, mi dulce y pequeño hogar.

Ya en el hogar, y mientras hacía mi ritual de noche (luego les cuento cuál), me puse a pensar en mil cosas, que si el fulano que era mi novio, que pinche Movistar y su red chafísima, y lo más importante: ¿Sería prudente asistir al segundo día del festival, no sería muy irresponsable de mi parte ponerme en un riesgo innecesario? Pfff, una pregunta difícil, al menos para mí porque, realmente el domingo era EL día que quería ir por las bandas que se presentarían, entonces, la elección no fue fácil, pero sí la más sensata: no fui.

Así, el sábado 14 de marzo fue el último día de este 2020 que salí a un concierto, sin embargo, ese día no fue el comienzo de mi resguardo, pues, las actividades Godinez continuaban y fue hasta el 19 de marzo el inicio de mi confinamiento.

Durante estos poco mas de 100 días resguardada, he hecho muchas cosas, en primer lugar, pues el jom ofis, la verdad es que yo encantada, ¿eh?, en segundo lugar, pues me puse a arreglar mi clóset, esa actividad que, por floja y desidiosa, no la había hecho, pues por fin la hice, en tercer lugar, la revista.

La revista ha sido para mi una actividad increíble que, gracias a ella, estos días de resguardo social (me encanta este término) han sido muy agradable porque es algo lúdico, es algo que me gusta mucho y me ha permitido «conocer» a muchas personas muy interesantes y divertidas.

Asimismo, he aprendido a disfrutar mi soledad, a valorarla y aprender mucho de mí.

No les voy a mentir, la verdad es que al inicio sí me fue muy complicado porque acaba de terminar una relación, yo seguía sin procesar muchas cosas y situaciones, claro que tuve ansiedad, esa que no te deja dormir, esa que aaah como chinga, y no tanto de querer salir, sino que, la vida cambia… weeeey, este año era MI año.

En fin, en estos poco más de 100 días resguardada, he aprendido a ser agradecida por quien soy, por lo que tengo y por lo que vendrá.

Y para finalizar, les dejo la última canción que escuché en vivo antes del distanciamiento social:

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